martes, 31 de mayo de 2016

Y a su barco le llamó Libertad







"¿Alguna vez has deseado ser otra persona?", le pregunta Ethan Chandler a Dorian Gray en mi serie preferida actualmente, Penny Dreadful. "A todas horas", responde el eterna
mente bello inconformista.

Esa misma idea dejó a Olivia Newton-John hopelessly plantada hace más de diez años, cuando su novio decidió salir a navegar en un velero llamado Libertad (no es coña), y no volvió nunca.

La desconsolada protagonista de Grease movió Los Ángeles con Hollywood para encontralo. Ni rastro de este intrigante cámara de orígen coreano, que dejaba en tierra una deuda de 30.000 dólares y un seguro de vida de más 100.00 para su único hijo de matrimonio anterior. 

Una vez más las cosas aparecen cuando dejamos de buscarlas.

Al cabo de tres años, cuando la ley lo declaró legalmente muerto, a él se le ocurrió enviarle un fax a uno de los detectives que le seguía la pista, para notificar que estaba impunemente vivo y solicitar -alguna neurona sí se le había muerto-, que le dejaran tranquilo.

La pobre Olivia, que para entonces ya había vendido la casa en la que habían compartido casi una década de su vidas y encontrado consuelo en los brazos de su nuevo marido, un gurú de la salud de esos americanos, no quiso hacer más declaraciones. Summerlovin´ happened so fast y olvidar el amor requiere mucha introspección silenciosa.

Pero, igual que el criminal se pilla porque no puede evitar regresar al lugar del delito, el fugitivo se descubre porque no puede evitar buscarse.

Las entradas obsesivas desde una IP situada en el pueblecito de Sayulita, en México, para escudriñar la web que informaba sobre su propio caso, fueron la pista definitiva para encontrarlo vivito y navegando.

Las consecuencias legales de este relato las desconozco. Sólo me quiero servir de él para apoyar mi tesis de que, por mucho que uno crea desear ser otra persona, lo cierto es que sólo deseamos poder ser nosotros mismos.

Claro que para que nos dejen continuar siendo a nuestra manera, a veces tenemos que huir de alguna compañía que nos lo impide.

Por cierto que nuestro fugitivo vivía no sé si más o menos feliz, pero parece que amando a una bonita mujer allá por México, güei...






lunes, 30 de mayo de 2016

Hechos de aprendizaje









Iba a iniciar este blog con mi frase estrella desde que me divorcié... Pero no. Al final he decidido empezarla con: Desde que clausuré mi último blog.

Desde que clausuré mi último blog, que también fue el primero, han pasado muchas cosas. Han pasado muchas cosas de las que he sido plenamente consciente porque había recuperado mi foco, -el mojo, afortunadamente, no lo perdí nunca-.

La conclusión más importante que he sacado desde mi nueva visión de halcón es que todos estamos bastante perdiditos por este mundo de Dios, que diría Flanders. Pero, apartir de los 40, y más desde un divorcio (perdón, no he podido evitarlo), al menos empezamos a saber quiénes somos.

Por eso no sólo es inevitable venir con anticipación, sino que es benefioso cometer muchos errores, aunque sean terriblemente gordos, para aprender que estamos hechos de aprendizaje.

La vida no comienza a los 40. La vida comienza cuando te conoces lo suficientemente bien como para poder entender y asimilar tus equivocaciones para transformarlas en aciertos.

Yo eso lo he conseguido principalmente a través del relato. Buscando la esencia que pudiera dar continuidad a cada una de mis acciones para poder darle sentido a mi vida.

Con este blog pretendo continuar compartiendo mi esforzado aprendizaje para tratar de vivir esta única aventura, que un buen día nos brindó el amor y la incosciencia de nuestros padres, de la manera más feliz posible, con sentido y con sentimiento.

La vida es imperfecta. Yo soy imperfecta. Y tú más... si lo niegas. Pero todos queremos darle continuidad.

Todos queremos un buen relato.