domingo, 3 de julio de 2016

Condenados al relato





"We all have a curse". Lo dice Miss Ives en Penny Dreadful, maravillosa serie de ficción que no me canso de recomendar a todo aquel que crea en los monstruos, fantasmas y demonios.

Yo no es que crea, es que considero que son justos y necesarios. Nos completan y nos hacen crecer como personas. Eso sí. Hay que saber mantenerlos a raya.

No sé por qué la gente les da tan poca importancia cuando realmente nuestra relación con ellos define cláramente cómo somos.

En las encuestas sobre personalidad debería haber un apartado con una pregunta tipo:

¿Cómo catalogaría su relación con sus monstruos, fantasmas y demonios?

a) inexistente. Tengo una vida perfecta, gracias.
b) de huída. En cuanto los veo asomar hago como que no los veo (o cierro fuertemente los ojos si hace falta) y desaparecen.
c) de lucha. Me dejo los cuernos para mantenerlos a raya, pero me cuesta la vida.
c) son mis mejores amigos. Me he abandonado por completo a sus dictados y vivo en una bacanal constante.

La mayoría de mis amigos son la c. Esforzados luchadores que ven perfectamente por dónde se ciernen las sombras y acechan relucientes colmillos y tratan de sobreponerse al terror del abismo manteniendo la calma. 

Joaquín, como yo, usa los relatos cual crucifijo de letras vade retro. 

Ha sido para mi un honor atender a su petición de leer un recopilatorio de escritos exorcizantes (con la presencia del demonio corriendo a su lado y todo) titulado "El Diario Marciano" que espero ver publicado pronto. En él narra básicamente su soledad desde que su exmujer le desterrara a Marte porque había decidido unívocamente intimar con el emperador galáctico, un tipo con cara de pocos amigos, pero que a base de seductoras palabras, probablemente infundidas por el lado oscuro de la fuerza, se la llevó al huerto. (El chaval tiene imaginación , eh?)

Los lectores espabilados ya habréis deducido que Marte es el planeta de los divorciados. Un territorio verdadereamente hostil y poblado de monstruos, fantasmas y demonios. 

La gente allí hablaba algo parecido al español. Pero luego me di cuenta que no era español, realmente, sino un dialecto al que los habitantes de Marte dieron por llamar marciano, como era de esperar. Lo bueno es que se aprende enseguida. La jerga está plagada de tecnicismos, tipo “mi ex” (puede ser uno o veinte), de los que está terminantemente prohibido decir el nombre; “los singles” (grupos de personas que dicen no tener ningún interés sexual para organizar actividades en las que principalmente se centran en buscar pareja); y la mejor de todas, “en mi casa o en la tuya”.

Así comienza su descripción de esta condena sufrida por todos los corazones rotos así sin merecerlo realmente, sin invocarlo.

En Marte se dan unas extrañas tormentas en las que se acumulan una serie de gases de esta atmósfera enrarecida dando lugar a reacciones químicas variadas cuyo efecto es una enorme tristeza. Así, un buen día uno puede estar viendo la tele y de repente sentir una presión en el corazón aplastante, las lágrimas en las mejillas, recuerdos en la piel, y no poder resistirse a coger la guitarra y tocar unos pocos acordes, normalmente menores, tristes, invocando más aún a esos raros espíritus de la tristeza, que en realidad no son sino una combinación de gases que trastornan nuestras emociones.

En Marte todo es así. De repente un día estás triste, al siguiente la cosa mejora, y al siguiente te puedes encontrar con una nueva tormenta que desemboque en la más profunda desesperación. Lo normal es que uno piense en lo feliz que era en la Tierra, allí en donde ahora sólo crecerán unos pocos arbustos radiactivos y camparán las cucarachas y las ratas a sus anchas, entre los cadáveres de los miles de millones de recuerdos que quedaron sepultados en el estruendo que dio lugar a su destrucción. ¿He dicho recuerdos? ¿En qué estaré pensando?

Creo que uno puede darse por muerto el día en el que sus recuerdos pesan más que sus sueños. Por eso debemos ser optimistas y pensar que lo mejor siempre está por llegar. Y saber sepultar nuestros recuerdos antes de que ellos sepulten nuestros sueños. 

Como dice mi amigo Joaquín, en Marte es muy difícil que Mary Poppins asome por tu ventana. Pero no va a quedarse nunca si la casa está poblada de fantasmas. 

Relatar ayuda mucho. Y redecorar también. Por eso estoy segura de que volveremos a vernos pronto en La Tierra.

Un abrazo fuerte a todos los marcianos.



And I Love You So  - Don McLean









 


 



jueves, 23 de junio de 2016

Pedir es triste, pero así robamos alegremente

La Democracia son dos lobos y una oveja votando sobre qué se va comer. La Libertad es la oveja, armada, impugnando el resultado. (Benjamin Franklin)


Él había tenido un duro día de trabajo. Ella no tanto. Tras diez meses de búsqueda activa de empleo había aprendido a dosificar sus energías y sentirse útil a la sociedad haciendo cosas por la comunidad aunque no cobrara por ello. (Lo que viene siendo lo contrario a lo que hacen los políticos).

Ella prefería quedarse en casa. Cocinar algo rico para él, y así seguir sintiéndose útil, y pasar la noche tranquilos, amortizando el ladrillo de esa hipoteca que diez años después de pagar religiosamente no se saldaría ni con la venta del piso.

Pero él había pasado el día encerrado en reuniones y quería cenar al aire libre. Así que decidieron sentarse en una terraza y disfrutar del alegre bullicio del Madrid de los Austrias. Por el camino, él, un hombre inteligente con una gran conciencia social, al pasar ante el Palacio de Oriente, recordó el debate suscitado en el último discurso de Navidad de nuestro querido Rey, que precisamente en su primer año como monarca, decidió escoger este emplazamiento para reafirmar la fuerza en la unidad de España. Nuestra pareja se entendía muy bien porque manejaba los mismos conceptos en su percepción de la vida. A los dos les gustaba hablar claro, y, sobre todo, respetar las leyes acordadas cláramente por ellos mismos. 

"Si vivimos en una monarquía ¿por qué no vamos a sacar el máximo partido de nuestro Palacio Real? Es lo más lógico", -comentó ella.

"A ver si te crees que no iba a convertirse esto en el Palacio de la República si cambiaran las tornas", -apuntaló él.

Nuestra pareja es de clase media acomodada. Esa que sostiene el desarrollo equilibrado de un país. Esa que tanto esfuerzo nos ha costado hacer crecer. Esa que, si no nos ponemos las pilas, nos podemos cargar de un plumazo.  

Nuestra pareja no tiene concepto de envidia. Sabe que cada uno acaba teniendo lo que desea si se esfuerza y está dispuesto a pagar su precio. El hecho de no poseer un piso en aquellos históricos edificios, no les impedía disfrutar contemplando sus hermosas fachadas imperiales, vestigio del esplendor y del buen gusto de la época de los Habsburgo.

Así, paseando por los orígenes de la capital de España, acabaron sentados en una terraza al lado de la Plaza de la Cebada. Pidieron un par de cervezas y se pusieron rápidamente de acuerdo para compartir un par de platos ligeros. Apenas habían empezado a abandonarse a ese momento de placidez y plenitud absoluta (que sólo llega después de horas de sudor y esfuerzo) cuando un mendigo irrumpió para perturbar su paz. Se trataba de un rumano, joven, fuerte y bien parecido, que bramaba con los ojos pidiendo una ayuda con voz susurrante, mientras agitaba en su mano unas monedas, que sonaban a amenaza más que a desamparo. La pareja, que también compartía el mismo concepto de solidaridad, se sintió tremendamente incómoda sin lograr ahuyentarlo, más por su sentido de la educación, que por un instinto animal de largarlo a empujones. 

Finalmente, después de unos minutos de eterna incomidad incomprendida, el pordiablero desapareció. Y con él el teléfono móvil que reposaba confiado sobre la mesa. Y con él la incomprensión, que no la eterna incomodidad.

No era un mendigo. Era un ladrón. Un lobo rumano con un disfraz de cordero de los chinos. 

El engaño, aunque sea burdo, genera mucha incomodidad. Y esa es precisamente el arma que tiene para despistarnos. No os preguntaréis por qué me siento muy incómoda con los políticos que nos han estado gobernando hasta la fecha... Siento que nos están tomando el pelo y quiero que se vayan. Pero tampoco quiero dejarme engañar por la situación. Winston Churchill vaticinó en su día que los fascistas del futuro se llamarían antifascistas. También es suyo el pensamiento de que "el problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles, sino importantes".

La democracia es importante si nuestro voto es útil. El mío será para Ciudadanos.












domingo, 19 de junio de 2016

Esclavas de la liberación I







El siguiente relato es completamente verídico. Su protagonista es una buena amiga mía, pero no alteraré ninguno de los acontecimientos aquí narrados porque a ella no le importa. Es una mujer inteligente y sabe que la protagonista de esta historia podría ser cualquier madre trabajadora que siga creyendo en los peces de colores y en la conciliación laboral.

María siempre había sido una mujer idealista. También era inteligente, esforzada y voluntariosa. No le costó nada terminar su carrera universitaria. Le costó un poquito más entrar en el mundo laboral, por supuesto siempre mucho peor pagada (y valorada) que cualquiera de sus compañeros varones. Pero acabó encontrando su hueco y con 30 años ya era una mujer independiente y realizada a nivel profesional.

Podía haberse plantado ahí. Pero decidió seguir jugando a la ruleta de la vida feliz y aceptó sin dudarlo, dando saltos y palmadas con los ojos brillantes de emoción, cuando su querido novio le propuso matrimonio.

Al principio le resultó divertido comprobar que todos los tópicos que había escuchado acerca de la convivencia con un hombre eran completamente ciertos.

Efectivamente para él hacer la cama era tirar de una esquinita de la sábana para arriba. Tenía una extraña capacidad para no ver nunca los platos por recoger o la basura desbordante. Tampoco había manera de quitarle el mando a distancia de la tele, que no lo soltaba ni para beber la cerveza. Y el día que se abrió la veda de los pedos sintió que aquello tendría peores consecuencias que la explosión de Chernobyl. Pero estaba perdidamente enamorada. Así que, en lugar de aceptar aquella promoción para liderar la apertura de la nueva sede en Londres, decidió quedarse ... embarazada.

Unos mellizos preciosos. Tan preciosos que cuando se le acabó la baja maternal no pudo soportar el tener que separarse de ellos para volver a ocupar su importante puesto de trabajo.

¿Qué le estaba pasando? ¿Cómo podía ser la naturaleza tan cruel? Ella que tanto había disfrutado antes de su maravilloso trabajo sin pararse a calcular el tiempo que ganaba o perdía en él, de pronto empezó a sentirse irritada cuando la fútil petición de un cliente obsesivo le robaba momentos de estar con sus hijos. Podéis tacharla de clásica pero no terminaba de visualizarse cambiando pañales frente al ordenador. (Y no tenía la gran suerte de trabajar como diputada en el parlamento).

Así que no le quedó otro remedio que optar por la jornada reducida. La jornada reducida (en adelante JR) es un concepto que en el siglo que viene será definida como la fórmula que se inventó la sociedad de aquella época para volver a esclavizar a la mujer en la era del capitalismo.

A las mujeres más inteligentes que conozco, a poco limitado que tengan su sentimiento maternal, les basta un par de meses de JR para suplicar la jornada completa con la misma desesperación que en su día suplicaron la epidural. 

Pero ya hemos contado que María no es una madre moderna. María es de las que disfruta llevando y recogiendo a sus hijos en el colegio, aunque tenga que aparcar en tercera fila. Por eso mismo su JR tiene 25 horas, que a continuación paso a detallar:

-5.30 a.m. Suena el despertador. María lo apaga rápidamente para no perturbar los plácidos ronquidos de su marido. Deambula por el pasillo quitándose las legañas para conseguir el mínimo grado de visión que le permita hacerse el café. A los dos sorbos ya es capaz de recordar en qué punto del archivo se había quedado seis horas antes. Lo abre y se pone a trabajar.

-7.30 a.m. Un segundo despertador (alguna vez se ha quedado dormida en la cocina) le recuerda que debe levantar a los niños para ir al cole.

-8.15 a.m. Después de dejar a los niños en primeros del cole (la ventaja es que a esa hora no tiene que aparcar en triple fila) acelera para llegar a aparcar el coche a tiempo de coger el autobús que la lleve a Moncloa. Hace poco vivió un vergonzoso episodio que afortunadamente me narró con mucho humor:

"Yo iba perdiendo los tacones para coger el autobús, que ya estaba parado frente a la marquesina, cuando di un paso en falso y me caí. Cuando me vi en el suelo lo primero que pensé fue que no podía cogerme la baja. Afortunadamente sólo me había rasgado la blazer. ¡Mira! He tenido que tirarla".

María habla así. No es que sea acelerada, pero tiene una gran capacidad para concentrar mucha información en pocas palabras. Probablemente sea fruto del tipo de vida que lleva. Es de esas personas que no tiene tiempo para hablar del tiempo. Nunca la escucharé decir eso de "vaya..., parece que va a llover", o "qué buena tarde se ha quedado..." María, como todas las mujeres de JR, no tiene tiempo ni para percibir su estrés. Itziar, otra madre amantísima de JR, pronto estará como ella porque según me comentaba hace poco ha tenido la mala suerte de que la han traslado a una oficina casi al lado de su casa, en Las Rozas. -"Menudo fastidio, -se lamentaba compungida, "me han quitado el único momento que tenía para mi, disfrutando tranquilamente en los atascos de ida y vuelta a Madrid".

María habla, siempre maximizando el tiempo, mientras hurga en la basura para mostrarme la rotura irreparable de la manga de su chaqueta. "Una pena que esto no se lo puedo reclamar a la mutua laboral", -bromea sobreviviendo como todas las criaturas inteligentes y sensibles, gracias a su agudo sentido del humor.

"¿Y cogiste el autobús?", -pregunté ansiosa por una afirmación que me devolviera la fe en la justicia del destino.

"Pues en una primera instancia me levanté muy entera y estirando mi blazer desahuciada y disimulando mi cojera me puse a caminar en dirección contraria: Ante todo dignidad", -narró con solemne simpatía.

"¿...Y?", -pregunté con la mirada.

"El conductor arrancó en mi dirección, y cuando estaba a mi altura paró y abrió las puertas para preguntarme, ¿estás bien?. A lo cual yo respondí asintiendo de lado dignamente con la cabeza. Y en seguida me dijo... Anda...sube. Y yo subí". 

Menos mal que al final la gente es buena, aunque sólo sea cuando llegas a dar pena de borde de lágrimas. Pero algo es algo.

Ya tenemos a María en el autobús rumbo a Moncloa (no le pregunté si gracias al show de besar la acera consiguió que le cedieran un asiento). Una vez allí aún deberá coger el metro a Argüelles y transbordar a Colón.

Pero esto lo seguiré narrando en otro post. Más que nada para que no cunda el estrés.

Y eso que aún no hemos empezado la jornada oficial...
























martes, 14 de junio de 2016

Feliz no cumpleaños





El post de hoy es para agradecer las cálidas felicitaciones que he recibido en mi 41 cumpleaños.

No podemos escoger quién se sube a nuestro barco, pero sí quién se queda. Yo me siento muy orgullosa de todas las personas que han navegado conmigo más allá de la casualidad y el viento favorable. Porque es bonito compartir viaje cuando vas al mismo sitio y las condiciones son más o menos ideales, pero cuando la vida te obliga a cambiar de rumbo, afrontar inesperadas tormentas o incluso atravesar un agujero negro y te giras y ves que aún te acompaña parte de la tripulación, eso no es bonito, eso es mágico. 

No sé por qué motivo hay personas que siempre están ahí. En lo bueno y en lo malo. Pasa el tiempo y ahí siguen. A veces pasan semanas, meses, o inlcuso años sin que los veas, pero te ves de pronto, cerveza en mano, escupiendo risas al aire y redescubriendo la teoría de la relatividad del tiempo.

A veces te preguntas. ¿Por qué de todos los compañeros de trabajo que tuve en SMS, (hace ya casi diez años) Fran, Sergio, Luis Ángel, Raúl o, sobre todo Cova, mi Lorzis preferida -que justo acaba de llamarme- siguen tan presentes en mi vida, y del resto casi ni me acuerdo?

¿Por qué Irene, Vilma y Luisa, mis compañeras de Tele Gijón de antes de que existiera internet (sí, hubo un tiempo en el que no existía) son ahora amigas de Facebook?

¿Cómo pudo tener tanta paciencia conmigo mi jefa Carlota, y la mayoría de mis compañeros de B&B sufriendo los daños colaterales de mis tormentas emocionales aquel aciago año en el que un destino traidor sesgó los pilares de mi felicidad? 

¿Cómo puede caber toda mi infancia en un grupo de Whasap denominado "promoción del ´75"? Y lo que es más fuerte. ¿Cómo pueden destilar tanta ternura todos los mensajes ahí publicados- sobre todo esos tecleados con el ácido humor de Fran-?

No es casualidad que la primera persona en felicitarme esta mañana haya sido mi muy mejor amiga ya desde la guardería. Es simplemente magia. La misma magia que hace que con sólo mirarnos ya sepamos todo lo que nos ha pasado en el tiempo en que hemos estado sin vernos.

No sé qué es exactamente eso que hace que sigamos buscando el contacto con la misma persona superando las barreras del tiempo y del espacio. Creo que es algo que va más allá de nuestra voluntad. Es algo que brota sin buscarse. 

El universo se expande. Las personas a lo largo de la vida también. Pero una fuerza superior hace que volvamos a imantarnos una y otra vez a determinadas personas.

En "Alicia a través del espejo", nuestra valiente soñadora vuelve a reencontrarse después de mucho tiempo con su amigo el sombrerero loco. 

Él se encuentra muy mal y le pide ayuda. Pero ha pasado mucho tiempo, y ella en una primera instancia se la niega. Le dice que lo que le pide es imposible. Entonces él le responde que no la reconoce y le recrimina que ha perdido su muchedad. (Me fascina la fuerza expresiva que alcanza Lewis Carroll con su maravillosa deformación en el uso del lenguaje)

Ella al final encuentra la manera de ayudarlo y de paso recupera su muchedad.

Quizás la muchedad sea esa fuerza de atracción que hace que no queramos que determinadas personas abandonen nuestro barco. Porque esas personas nos recuerdan lo mucho que les importamos, lo mucho de lo que somos capaces, en definitiva lo mucho que somos.

Gracias a todos por vuestras felicitaciones, que sin duda han alimentado mi muchedad.

Feliz no cumpleaños!!!!!!













jueves, 2 de junio de 2016

Hacer los deberes con humor


Viñeta de Maitena



El año pasado por estas fechas me llamó una de esas amigas con las que quedas muy de vez en cuando, pero que siempre que quedas te preguntas por qué no quedas más a menudo...
Me pasa con unas cuantas amigas, y algún que otro amigo también.

La eterna limitación del tiempo y el inexorable cumplimiento de los deberes diarios se me vienen a la cabeza como explicación rápida y rutinaria.

"Cuánto tiempo, Susana ¿Qué tal te va todo?", pregunté con cariño.

"Pues bien. Ya con ganas de vacaciones, después de acabar los exámenes. Que menuda pechada de estudiar he pegado...", contestó fatigadamente aliviada.

"No sabía que estuvieras estudiando. ¿De qué te has examinado?", pregunté más por interés que por curiosidad.

"Pues de segundo y tercero de la ESO", me contestó muy seriamente.


Me hizo mucha gracia, sobre todo porque mis hijos eran más pequeños y aún no lograba ponerme plenamente en su lugar.

Pero ya en segundo de primaria la cosa cambia. "Y en tercero creo que se pone mucho peor...". (Este comentario ya lo empiezo yo a escuchar a la salida del colegio).

Jamás pensé que a mis 40 años volvería a revivir con tanta intensidad aquel agobio de tener deberes.

"Hoy qué, niños. ¿Tenemos muchos deberes?", me veo preguntándoles mientras les cambio sus mochilas por la merienda para convertirme en madre sherpa.

Y es que como te salga un hijo remolón la has cagao. Eso va mucho más allá de la procrastinación- es que aprendí esa palabra hace poco y quería usarla-. Los niños de ahora son especialistas en el arte de convencerte de la ausencia de deberes. Que si hoy los hicimos en clase... que si era el día de sin deberes... que si yo en especial hoy no tengo que hacerlos... que si nadie me ha apuntado las sumas y las restas...

Total que para cuando ya sabes qué deberes hay que hacer (una de las consultas estrella en el chat de las madres sufridoras) tu paciencia ya ha encogido un par de tallas.

Ahora toca sentarlo a la mesa, y buscar lápiz y saca puntas y lápices de colores...

Aquí se supone que todo debería empezar a fluir. Pero no. La criatura aún no tiene la más mínima intención de poner sus neuronas al servicio del deber. Prefiere emplearlas todas en sacarte de quicio. Así que continúa remolonenando con su procrastinación (que me ha gustado la palabra) hasta que, sí, tengo que confesarlo, consigue que tenga que recurrir a la violencia. (Evito la narración de los hechos, más por no dar buenas ideas que por herir sensibilidades.)
Lo cierto es que una vez que se centra no sólo consigue acabar sus tareas en diez minutos, sino hacerme sentir inferiormente acomplejada por su capacidad de entender determinados ejercicios antes que yo. (Trato de consolarme pensando que se lo explican previamente en clase, pero por si acaso no pregunto).  

No sé si lo estamos haciendo mal con nuestros hijos en esta generación o si siempre ha sido así. Yo recuerdo a mi padre repitiendome una y otra vez la diferencia entre un golfo y un cabo. Y tengo una bofetada grabada como muy bien merecida por responder a su pregunta del pretérito imperfecto del verbo cagar (es un hombre muy paciente, educado y culto, pero ya no sabía como contenerse) con un: "...¿había cagado?".

De nuevo en el presente repasamos la tabla de multiplicar del 9. Yo le sugerí un truco: sumar diez y restar una. Entonces él me contestó que era mucho más fácil hacer lo del vídeo que le había enseñado su profesora. Y sin dejar de sorprenderme con su capacidad para localizar contenido en internet, me puso la siguiente secuencia:


https://youtu.be/R1k5KZNBf-M


Afortunadamente, las buenas historias siempre se repiten. La letra con sangre entra y el humor lo hace todo más llevadero.






martes, 31 de mayo de 2016

Y a su barco le llamó Libertad







"¿Alguna vez has deseado ser otra persona?", le pregunta Ethan Chandler a Dorian Gray en mi serie preferida actualmente, Penny Dreadful. "A todas horas", responde el eterna
mente bello inconformista.

Esa misma idea dejó a Olivia Newton-John hopelessly plantada hace más de diez años, cuando su novio decidió salir a navegar en un velero llamado Libertad (no es coña), y no volvió nunca.

La desconsolada protagonista de Grease movió Los Ángeles con Hollywood para encontralo. Ni rastro de este intrigante cámara de orígen coreano, que dejaba en tierra una deuda de 30.000 dólares y un seguro de vida de más 100.00 para su único hijo de matrimonio anterior. 

Una vez más las cosas aparecen cuando dejamos de buscarlas.

Al cabo de tres años, cuando la ley lo declaró legalmente muerto, a él se le ocurrió enviarle un fax a uno de los detectives que le seguía la pista, para notificar que estaba impunemente vivo y solicitar -alguna neurona sí se le había muerto-, que le dejaran tranquilo.

La pobre Olivia, que para entonces ya había vendido la casa en la que habían compartido casi una década de su vidas y encontrado consuelo en los brazos de su nuevo marido, un gurú de la salud de esos americanos, no quiso hacer más declaraciones. Summerlovin´ happened so fast y olvidar el amor requiere mucha introspección silenciosa.

Pero, igual que el criminal se pilla porque no puede evitar regresar al lugar del delito, el fugitivo se descubre porque no puede evitar buscarse.

Las entradas obsesivas desde una IP situada en el pueblecito de Sayulita, en México, para escudriñar la web que informaba sobre su propio caso, fueron la pista definitiva para encontrarlo vivito y navegando.

Las consecuencias legales de este relato las desconozco. Sólo me quiero servir de él para apoyar mi tesis de que, por mucho que uno crea desear ser otra persona, lo cierto es que sólo deseamos poder ser nosotros mismos.

Claro que para que nos dejen continuar siendo a nuestra manera, a veces tenemos que huir de alguna compañía que nos lo impide.

Por cierto que nuestro fugitivo vivía no sé si más o menos feliz, pero parece que amando a una bonita mujer allá por México, güei...






lunes, 30 de mayo de 2016

Hechos de aprendizaje









Iba a iniciar este blog con mi frase estrella desde que me divorcié... Pero no. Al final he decidido empezarla con: Desde que clausuré mi último blog.

Desde que clausuré mi último blog, que también fue el primero, han pasado muchas cosas. Han pasado muchas cosas de las que he sido plenamente consciente porque había recuperado mi foco, -el mojo, afortunadamente, no lo perdí nunca-.

La conclusión más importante que he sacado desde mi nueva visión de halcón es que todos estamos bastante perdiditos por este mundo de Dios, que diría Flanders. Pero, apartir de los 40, y más desde un divorcio (perdón, no he podido evitarlo), al menos empezamos a saber quiénes somos.

Por eso no sólo es inevitable venir con anticipación, sino que es benefioso cometer muchos errores, aunque sean terriblemente gordos, para aprender que estamos hechos de aprendizaje.

La vida no comienza a los 40. La vida comienza cuando te conoces lo suficientemente bien como para poder entender y asimilar tus equivocaciones para transformarlas en aciertos.

Yo eso lo he conseguido principalmente a través del relato. Buscando la esencia que pudiera dar continuidad a cada una de mis acciones para poder darle sentido a mi vida.

Con este blog pretendo continuar compartiendo mi esforzado aprendizaje para tratar de vivir esta única aventura, que un buen día nos brindó el amor y la incosciencia de nuestros padres, de la manera más feliz posible, con sentido y con sentimiento.

La vida es imperfecta. Yo soy imperfecta. Y tú más... si lo niegas. Pero todos queremos darle continuidad.

Todos queremos un buen relato.