El post de hoy es para agradecer las cálidas felicitaciones que he recibido en mi 41 cumpleaños.
No podemos escoger quién se sube a nuestro barco, pero sí quién se queda. Yo me siento muy orgullosa de todas las personas que han navegado conmigo más allá de la casualidad y el viento favorable. Porque es bonito compartir viaje cuando vas al mismo sitio y las condiciones son más o menos ideales, pero cuando la vida te obliga a cambiar de rumbo, afrontar inesperadas tormentas o incluso atravesar un agujero negro y te giras y ves que aún te acompaña parte de la tripulación, eso no es bonito, eso es mágico.
No sé por qué motivo hay personas que siempre están ahí. En lo bueno y en lo malo. Pasa el tiempo y ahí siguen. A veces pasan semanas, meses, o inlcuso años sin que los veas, pero te ves de pronto, cerveza en mano, escupiendo risas al aire y redescubriendo la teoría de la relatividad del tiempo.
A veces te preguntas. ¿Por qué de todos los compañeros de trabajo que tuve en SMS, (hace ya casi diez años) Fran, Sergio, Luis Ángel, Raúl o, sobre todo Cova, mi Lorzis preferida -que justo acaba de llamarme- siguen tan presentes en mi vida, y del resto casi ni me acuerdo?
¿Por qué Irene, Vilma y Luisa, mis compañeras de Tele Gijón de antes de que existiera internet (sí, hubo un tiempo en el que no existía) son ahora amigas de Facebook?
¿Cómo pudo tener tanta paciencia conmigo mi jefa Carlota, y la mayoría de mis compañeros de B&B sufriendo los daños colaterales de mis tormentas emocionales aquel aciago año en el que un destino traidor sesgó los pilares de mi felicidad?
¿Cómo puede caber toda mi infancia en un grupo de Whasap denominado "promoción del ´75"? Y lo que es más fuerte. ¿Cómo pueden destilar tanta ternura todos los mensajes ahí publicados- sobre todo esos tecleados con el ácido humor de Fran-?
No es casualidad que la primera persona en felicitarme esta mañana haya sido mi muy mejor amiga ya desde la guardería. Es simplemente magia. La misma magia que hace que con sólo mirarnos ya sepamos todo lo que nos ha pasado en el tiempo en que hemos estado sin vernos.
No sé qué es exactamente eso que hace que sigamos buscando el contacto con la misma persona superando las barreras del tiempo y del espacio. Creo que es algo que va más allá de nuestra voluntad. Es algo que brota sin buscarse.
El universo se expande. Las personas a lo largo de la vida también. Pero una fuerza superior hace que volvamos a imantarnos una y otra vez a determinadas personas.
En "Alicia a través del espejo", nuestra valiente soñadora vuelve a reencontrarse después de mucho tiempo con su amigo el sombrerero loco.
Él se encuentra muy mal y le pide ayuda. Pero ha pasado mucho tiempo, y ella en una primera instancia se la niega. Le dice que lo que le pide es imposible. Entonces él le responde que no la reconoce y le recrimina que ha perdido su muchedad. (Me fascina la fuerza expresiva que alcanza Lewis Carroll con su maravillosa deformación en el uso del lenguaje)
Ella al final encuentra la manera de ayudarlo y de paso recupera su muchedad.
Quizás la muchedad sea esa fuerza de atracción que hace que no queramos que determinadas personas abandonen nuestro barco. Porque esas personas nos recuerdan lo mucho que les importamos, lo mucho de lo que somos capaces, en definitiva lo mucho que somos.
Gracias a todos por vuestras felicitaciones, que sin duda han alimentado mi muchedad.
Feliz no cumpleaños!!!!!!

No hay comentarios:
Publicar un comentario